La «mano negra», dicen, era un bastión de la aristocracia bogotana que solía reunirse en el Jockey club y lugares parecidos a planear la defensa del país de la inminente toma comunista. Muchos se sentían orgullosos de pertenecer a un organización semiclandestina que, paradójicamente, tenía mentalidad de celula marxista:


En fin, la mención de Santos a la «mano negra», ya repetida, es un interesante anacronismo, propio de un traidor de su clase.