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septiembre 2021

Academia Reflexiones

Conectándonos con el futuro. Nota 1: política de jóvenes

Esta es la primera entrega de una serie de notas programáticas que publicaremos cada semana para contribuir al debate público y al intercambio de ideas entorno a las principales problemáticas del país.

Las propuestas para discusión que se presentan en este documento y en los que vendrán no pretenden ser exhaustivas y responden a un proceso gradual y abierto de construcción programática colectiva respetando cuatro principios:

  1. Las ideas se han nutrido y se continuarán nutriendo de las contribuciones generosas de expertas(os), líderes de la sociedad civil, académicas(os) y empresarias(os) de diferentes regiones del país.
  2. Nuestro propósito es superar los silos tradicionales de la política pública y enfocarnos en propuestas articuladoras e intersectoriales que respondan mejor a las necesidades del país.
  3. Queremos abrir al público el intercambio de ideas y el debate acerca de las propuestas a través de documentos programáticos preliminares y eventos abiertos a comentarios.
  4. Incorporamos a las(os) jóvenes voluntarias(os) de todo el país en la construcción programática. Son ellas(os) quienes han contribuido y continuarán contribuyendo a identificar temas prioritarios y propuestas novedosas.

Nota 1:  Jóvenes 

Si me preguntan cuáles son los dos principales problemas de Colombia en este momento, en esta coyuntura crítica como me gusta llamarla, yo citaría dos. El primero es el empeoramiento de los indicadores sociales, la crisis social que ha traído mucho sufrimiento humano y ha desterrado a muchos colombianos, jóvenes en su mayoría, de cualquier forma, de esperanza. El segundo es la crisis de confianza, la desconfianza en la democracia, en las instituciones, en los medios de comunicación, en todo; una crisis alimentada por la ineficacia del Estado, la corrupción y las rencillas políticas sin sentido.

En esta nota programática voy a concentrarme en el primer problema, en el más angustiante, en el que tiene a millones de familias sin ingresos fijos y a millones de jóvenes sin esperanza, excluidos del futuro.

Hoy tenemos casi un millón más de desempleados que antes de la pandemia. El desempleo ha golpeado fuertemente a las mujeres, en particular a las mujeres jóvenes. Entre 2019 y 2021 la tasa de desempleo de las mujeres jóvenes pasó de 24% a 30%. Una catástrofe. Además, los síntomas emocionales (ansiosos, depresivos y de estrés pos-traumático) son más altos en mujeres.  Las empresas discriminan a las mujeres. El machismo les roba muchas oportunidades.

La mitad de los jóvenes que se gradúa de secundaria no sigue estudiando. De los otros, casi el 50% termina desertando, dejando los estudios. Para los que se gradúan las oportunidades laborales son pocas. En algunos casos inexistentes. Todos estos problemas van a crecer después de la pandemia.

Los jóvenes no son una generación perdida. No son vándalos, ni perezosos, ni desinformados. Todo lo contrario. Quieren construir un mejor futuro. Quieren crearlo a su manera. Reclaman más oportunidades. La posibilidad de diferentes experimentos de vida, de crear y ensayar, de equivocarse. Un error, una mala decisión no puede costarles la vida. Una sociedad sin segundas oportunidades es una sociedad enferma.

Durante la adolescencia y la juventud, se crea la identidad, se define lo que nos gusta y lo que queremos ser. Durante estos años, nos planteamos ideales y construimos un proyecto de vida. Vamos forjando un criterio propio. Nos abrimos al mundo. Somo más propensos a asumir nuevos retos y a tomar riesgos adicionales.

Es una edad crucial. Pero pareciera importar cada vez menos. Es como si la sociedad hubiese decidido voltearles la espalda a los jóvenes. Han sido olvidados en la pandemia. Sus problemas de salud mental y física no están en la agenda nacional. Los mercados laborales son anti-joven. La participación democrática también lo es. Sin embargo, el cambio social depende de los jóvenes. Los adultos son difíciles de cambiar. Los grandes cambios culturales son puestos en marcha por los jóvenes.

En este contexto quiero plantear un conjunto de propuesta específicas. Las propuestas buscan aumentar las oportunidades y el bienestar de toda la población con un énfasis en los jóvenes y sobre todo en las mujeres jóvenes. Son propuestas para la discusión que iremos alimentando con ideas e historias de vida, con las conversaciones con los ciudadanos, los académicos, los activistas y los empresarios.

  • Renta básica 

En esta coyuntura crítica, es indispensable garantizar la protección social de las y los jóvenes. Esto se puede lograr a través de una renta básica que complemente la transferencia que ya muchas(os) reciben a través de programas de transferencias para jóvenes. Para eso es necesario ampliar la cobertura de estos programas para vincular a un mínimo de 1.500.000 jóvenes ampliando también el rango de edad de los 28 hasta los 30 años.

Una renta básica de este estilo es una pieza fundamental para acelerar la recuperación después de la devastación económica y social que nos dejó la pandemia, pero debe estar articulada a un ecosistema público y privado de formación para el trabajo distinto en cada territorio y que prepare a las y los jóvenes para su inserción laboral independientemente de su nivel educativo. Esta inserción laboral pasa por dos series de políticas complementarias de generación de empleo y dignificación del empleo informal.

Para generar nuevos empleos verdes podemos hacer de nuestra lucha contra el cambio climático una oportunidad para nuestras(os) jóvenes. En la próxima década, al tiempo que reducimos el impacto en la economía de las industrias extractivas y de altas emisiones, generaremos tres empleos con la transición energética, la agricultura sostenible, la gestión de residuos, la bioeconomía y la conservación y regeneración de ecosistemas. La transición hacia una economía más sostenible será un motor de empleo.

La formalización de empleos informales pasa por no estigmatizarlos y por brindar oportunidades para estimular su formalización gradual, por ejemplo, a través de la exoneración de las contribuciones al sistema de salud para los ingresos de hasta un salario mínimo y la definición de aportes progresivos para mayores salarios. La formalización también requiere de un acompañamiento a través de aplicaciones digitales que faciliten su contabilidad y que les permita poco a poco contribuir a su seguridad social y contar con protección frente a riesgos laborales.

  • Educación

Necesitamos recuperar el significado de la escuela, su centralidad en la sociedad. Más allá de la ampliación de la cobertura de educación superior, un propósito compartido, que apoyamos con firmeza, podemos pensar la escuela más allá de solo brindar servicios educativos.

La escuela puede convertirse también en escenario deportivo, de recreación y cultura para toda la comunidad. La infraestructura ya está disponible, pero debemos mejorarla. Las comunidades ya confían en la escuela como un espacio seguro, hagamos que la escuela jalone la integración.

Por otro lado, debemos atender la crisis educativa y de salud mental que enfrentan muchos de nuestros jóvenes después de la pandemia. Para eso las mentorías entre jóvenes y adolescentes pueden ser claves. Por ejemplo, estudiantes universitarios pueden enseñarles cálculo a jóvenes de décimo o undécimo grado. Al mismo tiempo, los profesores pueden ser entrenados para escuchar a los estudiantes y así expandir la capacidad de atención psico-emocional más allá de los psicólogos profesionales que por lo general están sobrecargados.

  • Economía del cuidado y salud sexual y reproductiva

Tenemos que poder garantizar que la reactivación económica tenga en cuenta a las mujeres jóvenes para que el futuro no profundice las brechas de género que existían antes de la pandemia.

Necesitamos fortalecer y articular la infraestructura de cuidado para que las cargas del cuidado no sigan cayendo desproporcionadamente en las mujeres y así puedan cerrar las brechas laborales, continuar con su formación, tener momentos de descanso e impulsar sus proyectos de vida.  Para ello es vital garantizar la reapertura y ampliación de cobertura de jardines infantiles y de centros de cuidado para las personas mayores a lo largo y ancho del país para que las mujeres puedan dedicarse a estudiar o generar ingresos. También podemos impulsar con incentivos a la oferta la reactivación del sector de cuidados remunerados.

Debemos concentrarnos en programas de formación e incentivos de empleo enfocados en las mujeres jóvenes y promover la inclusión de las mujeres en los sectores tradicionalmente masculinizados que están jalonando la reactivación. Pero no podemos olvidar que es indispensable garantizar el acceso a la salud y a los derechos sexuales y reproductivos de las y los jóvenes para prevenir los embarazos en la adolescencia y prevenir la transmisión de infecciones por transmisión sexual. También debemos masificar las campañas de cambios de estereotipos, los programas de ciudades seguras para mujeres y la disponibilidad gratuita de toallas higiénicas en colegios públicos.

La pandemia afectó a los jóvenes de muchas maneras. Pero les devolvió protagonismo. Me comprometo a amplificar sus voces. Los jóvenes son la verdadera fuerza transformadora de nuestro país.