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23 junio, 2021

Academia Reflexiones

Utilitarismo y vacunas

La decisi贸n de prorrogar la aplicaci贸n de la segunda dosis de la vacuna de Pfizer plantea un debate fundamental de salud p煤blica, una tensi贸n entre la atenci贸n individual y los beneficios colectivos. La salud p煤blica tiene, como la econom铆a, una tradici贸n utilitarista. Los argumentos de salud p煤blica plantean a menudo la necesidad de maximizar el bienestar colectivo. Los argumentos utilitaristas no son definitivos, pero deben, en mi opini贸n, ser tenidos en cuenta.

Para simplificar el problema, voy a introducir algunos supuestos sencillos. No todos son realistas. Pero ilustran una dimensi贸n importante del debate acerca de si se debe aplazar o no la aplicaci贸n de la segunda dosis con el fin permitir que m谩s gente pueda acceder a una primera dosis y adquiera as铆 m谩s prontamente alg煤n nivel de protecci贸n.

La gr谩fica de la izquierda muestra la progresi贸n semanal de la protecci贸n despu茅s de la aplicaci贸n de la primera y la segunda dosis (la protecci贸n debe ser entendida como la probabilidad de no tener s铆ntomas notables despu茅s de una exposici贸n al Covid-19). La gr谩fica corresponde al esquema 鈥淧fizer鈥. La primera dosis se da al inicio (tiempo 0). La segunda se da al final de la semana 3. Antes de la aplicaci贸n de la segunda dosis, la protecci贸n es de 60%. La protecci贸n llega a 90% al final de la cuarta semana despu茅s de la aplicaci贸n de la segunda dosis.

La gr谩fica de la derecha muestra la misma proyecci贸n para el esquema 鈥淢SPS鈥, el propuesto por el ministerio. La aplicaci贸n de la segunda dosis se aplaza nueve semanas. La protecci贸n es de 60% de la semana 3 a la 12 y sube a 90% despu茅s de la aplicaci贸n de la segunda dosis. Estos n煤meros son supuestos. Pero recogen un hecho real, veros铆mil: la protecci贸n despu茅s de la primera dosis es sustancial y el aumento de la protecci贸n como resultado de la segunda dosis es importante pero inferior.

En el largo plazo, los dos esquemas son similares. El dilema est谩 en las nueve semanas de aplazamiento: m谩s gente accede tempranamente a algo de protecci贸n, pero los vacunados con la primera dosis quedan m谩s expuestos.

Si se supone que cada semana (de las nueve de aplazamiento) hay 100 mil personas a quienes se les aplaza la segunda dosis y si se supone adicionalmente聽 (como ilustraci贸n) que la probabilidad de infectarse y tener s铆ntomas en una semana cualquiera es de 0,1%, el aplazamiento implicar铆a 1350 casos de m谩s Covid-19 sintom谩ticos, algunos graves. El c谩lculo es sencillo. Una simple sumatoria.

De otro lado, el aplazamiento permitir铆a que 100.000 personas fueran vacunadas con la primera dosis. Bajo los mismos supuestos anteriores, la inclusi贸n de estos nuevos vacunados implicar铆a 2180 menos casos de Covid-19 sintom谩ticos durante las nueve semanas. El c谩lculo es tambi茅n sencillo: una suma de la protecci贸n adquirida por las 100 mil personas que reciben la primera dosis semanalmente. El beneficio, medido en casos sintom谩ticos evitados transitoriamente, es de 62%. El mismo porcentaje aplicar铆a, bajo supuestos razonables, para hospitalizaciones y muertes.

El orden de magnitud es resultado de los supuestos. La direcci贸n no lo es. Un resultado similar (un beneficio colectivo) se obtendr铆a si se supone que la protecci贸n conferida por la primera dosis es mayor que la protecci贸n adicional conferida por una segunda dosis.

驴D贸nde radica la pol茅mica? De nuevo, en la tensi贸n entre los derechos individuales y colectivos. Alguien que recibi贸 la primera dosis podr铆a poner una tutela para prevenir el aplazamiento de la segunda dosis. Lo har铆a en defensa de su derecho a la salud (al fin de cuentas est谩 quedando parcialmente desprotegido). Sin embargo, un fallo a su favor ir铆a en detrimento del bienestar colectivo.

Cada vez que se invocan argumentos utilitaristas en un contexto de escasez surgen este tipo de controversias. En este caso, adem谩s, quienes han recibido las primeras dosis de la vacuna son identificables, los otros, los que se beneficiar铆an del aplazamiento, no lo son tanto. Aparece, entonces, el t铆pico dilema bio茅tico entre v铆ctimas identificables y no identificables.

Los argumentos del Ministerio parecen v谩lidos desde una perspectiva de salud p煤blica, utilitarista. Pero generaran debates 茅ticos y pol铆ticos. Las democracias mediatizadas desde estos tiempos tienden con frecuencia a rechazar este tipo de consideraciones. Aborrecen los dilemas 茅ticos.