Academia

Las lecciones de Perú en el tema del glifosato

Estuve en Perú la semana pasada en una reunión sobre políticas antidroga. Tuve la oportunidad de conocer de cerca las políticas de control de los cultivos de coca y los proyectos de desarrollo alternativo. Conversé con las autoridades. Oí su versión (sesgada, pero interesante) de los éxitos y los fracasos, de los entusiasmos y las decepciones. 
 
Los retos son similares a los de Colombia. Han tenido éxito en la región del Alto Huallaga (donde los cultivos de uso ilícito se han reducido sustancialmente), pero no así en el llamado VRAEM (donde los cultivos han aumentado). Es la lógica de esta guerra, comprobada una y otra vez: el problema se desinfla en un lado y se infla en otro. 
 
En medio de la conversación con las autoridades peruanas, pregunté por el uso de agentes químicos en las tareas de erradicación. Me sorprendió la vehemencia de la respuesta de le director de Devida (la agencia estatal encargada del asunto): “no los usamos, es un tema absolutamente sensible con la comunidad, el tema está por fuera de cualquier discusión”. Hice la misma pregunta a algunos habitantes de las zonas cocaleras. Insistieron en lo mismo: “nunca, bajo ninguna circunstancia”.
 
Conocí, después, un decreto, expedido en el año 2000 y firmado por Alberto Fujimori (of all people), que prohíbe de manera perentoria el uso de agentes químicos en la erradicación. El decreto no deja dudas. En Perú, el uso de glifosato en las tareas de erradicación no solo está prohibido por las normas escritas, sino también por los acuerdos informales con la comunidad. Es un tema vedado. Institucional y culturalmente resuelto. 
Cabe, entonces, la pregunta: ¿Por qué la diferencia entre Perú y Colombia? ¿Por qué nuestra mayor tolerancia ante los impactos ambientales y de salud del glifosato? ¿Hemos sido, quizá, indiferentes en el pasado con los aspectos más dañinos de la política antidrogas? Al fin y al cabo, hasta hace muy poco, éramos el único país del mundo que usaba la aspersión aérea con glifosato. No deberíamos (el ejemplo peruano es aleccionador) volver a lo mismo. Nunca más. 

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7 Comments

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    Miguel Fernandez
    14 marzo, 2019 at 5:14 am

    Colombia logró una sensible reducción de cultivos entre 1999 y 2012 (tiempos del plan Colombia), siendo el glifosato parte de la receta y, hasta donde entiendo, el énfasis se puso en la erradicación forzosa. Cuáles son los factores que explican la reducción (asumiendo que no fue el glifosato)?

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      gruiz
      14 mayo, 2019 at 2:19 pm

      El dólar. Sé que puede ser bastante difícil, pero un dólar más barato desestimula el cultivo. Genera un costo al igual que la fumigación. Política cambiaria para combatir el narcotrafico también es una alternativa

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      Anónimo
      14 mayo, 2019 at 3:19 pm

      El precio del oro. Existe una correlación (ojo, no causación) inversa entre el precio del oro y el de la hoja de coca. En esa época fue el auge de la minería ilegal, otro problema tan complejo como el de los cultivos ilícitos (salud pública, lavado de activos, control territorial, etc)

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    Anónimo
    17 marzo, 2019 at 2:19 am

    Hola Alejandro, le escribo porque usted es la persona que creo me puede ayudar, podría por favor recomendarme un libro que me haga sentir mejor y que me ayude a encontrar respuestas sin caer en la autoayuda?

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    Alejandro Gaviria
    18 marzo, 2019 at 5:01 pm

    Anónimo 21:19: le recomiendo los poemas de Eugenio Montejo, el último libro de ensayos de Carl Sagan, los ensayos de Hume sobre la religión, etc. Mi librito Hoy es siempre todavía contiene al final de cada capítulo algunas recomendaciones.

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    Federico
    1 abril, 2019 at 10:32 pm

    Este no debe ser el espacio idóneo para decir esto pero la verdad es que no hay otra manera de hacerlo. Acabo de leer en noticias que usted recibió la propuesta de Petro de hacer parte de una coalición para la alcaldía de Bogotá y usted, como muestra de ese talante ético que ha demostrado siempre, dijo que no, que muchas gracias pero prefiere la academia. Respetable, algo que no sorprende en usted, sin embargo, debo decirle que es una lástima. De haber aceptado, usted como candidato a la alcaldía de Bogotá dentro de una coalición presidida por usted y Petro, sería el ejemplo perfecto de eso que usted tanto plantea en sus ensayos, entrevistas y conferencias: el conflicto como algo inherente pero que a la vez llama a la construcción de acuerdos entre personas de diferentes orillas. Usted en una entrevista hablaba que apreciaba mucho la independencia que le daba la academia para hablar de distintos temas pero que un amigo o conocido suyo lo confrontó, y le dijo que la independencia era para gastársela. Pues bien, sin ser amigo suyo, siendo un completo desconocido pero alguien que a la vez lo siente como un extraño conocido, como decía Aristóteles, le repito lo que le dijo su amigo: La independencia es para gastársela. Pueda que no sea ahora pero casi que de manera imploratoria se lo pido, regrese en algún momento a la vida pública.

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    Anónimo
    23 mayo, 2019 at 4:00 pm

    Sugiero que investigue mas, antes de apresurarse a sacar conclusiones sobre el GLIFOSATO, saludos.

    https://www.newyorker.com/news/daily-comment/roundup-and-risk-assessment

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