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Estado paternalista

El Estado paternalista tiene cada vez más promotores. Unos lo defienden en nombre de las buenas costumbres y los valores éticos; otros en nombre de la salud pública y el bienestar general.  Los primeros quieren controlar las mentes de los jóvenes; los segundos aspiran a proteger sus cuerpos. Pero más allá de estas diferencias, unos y otros pretenden regular el comportamiento privado, sustituir a los padres de familia y en últimas usar el poder estatal para promover una forma de vida particular: la suya.

Como ha informado la prensa nacional, el gobernador de Antioquia Sergio Fajardo decidió hace unos días prohibir los concursos de belleza y los desfiles de moda en los colegios públicos del departamento, pues, en su opinión, “nada aportan a la formación ética… y constituyen una actividad discriminatoria, humillante y atentatoria de la dignidad femenina”. El Procurador Alejandro Ordoñez respaldó la decisión del gobernador con argumentos similares. «Me gusta la idea”, dijo. “La cultura hedonista, la vida fácil, es una de las causas del progresivo deterioro de las ideas y de los valores», enfatizó. “Ipsedixistas” llamaba el filósofo Jeremías Bentham a los reformadores sociales que pretenden convertir sus prejuicios personales en imperativos categóricos, en decretos, leyes  o mandatos.  La palabreja ya se olvidó (con razón). Pero el concepto es ahora más relevante que nunca.

El Estado paternalista no solo es promovido en nombre de la moral o la ética. Muchas veces se justifica con base en fines más concretos, la salud pública por ejemplo.  En Nueva York se prohibió recientemente la venta de gaseosas de más de medio litro con el fin de proteger la salud de jóvenes y niños. En Francia los cigarrillos de chocolate fueron prohibidos hace unos años con el mismo objetivo. Esta semana, en un debate sobre el consumo de drogas que tuvo lugar en la Universidad de los Andes, un funcionario del gobierno colombiano mencionó una estadística, producida por la Organización Mundial de la Salud (OMS), según la cual la mitad de las muertes en el mundo tienen como causa probada algún tipo de adicción. Si buena parte de la población es adicta o enferma, dirán algunos apoyados en la ciencia médica, el Estado debería, entonces, regular la dieta y las formas de vida de todo el mundo. Hacia allá vamos aparentemente.

No es fácil definir los límites del Estado paternalista. Su lógica es expansiva, un paso lleva al siguiente, al otro, al próximo, etc. “¿Será entonces que se prohibirá ahora la gimnasia con sus uniformes ceñidos al cuerpo o el uso de falditas? ¿Se prohibirán también ciertos bailes y danzas donde las niñas dejan ver sus piernas y brazos? ¿Se promoverá el vestido largo o la camiseta cuello tortuga?”, preguntaba esta semana el abogado David Suárez. Otras preguntas vienen al caso: ¿por qué no prohibir también las papas fritas? ¿O las hamburguesas? ¿O los dulces?  Al fin y al cabo la obesidad es un problema creciente y muchos estudios señalan, sin dejar lugar a dudas, que los jóvenes deberían comer más frutas y verduras.

Un mundo de jóvenes bien vestidos y bien nutridos, que se dedican a cultivar las virtudes duraderas de la sabiduría y la solidaridad parece un ideal atractivo. Pero puede ser también una gran pesadilla. Sea lo que sea, no justifica la expansión del Estado paternalista y el consecuente menoscabo de las libertades individuales.

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127 Comments

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    Alejandro Gaviria
    19 agosto, 2012 at 12:32 am

    Otro dato interesante: en la Universidad de los Andes no está permitida la venta de Red Bull. Ayer, en un foro sobre drogas ilícitas, Ethan Nadelman pidió uno y casi no lo pueden conseguir.

    En los próximos años, el Estado paternalista (y mucho de sus defensores en los ámbitos público y privado) regularán cada vez más qué podemos comer y qué no.

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    Alejandro Gaviria
    19 agosto, 2012 at 12:32 am

    Para los interesados en el tema, recomiendo este libro. Según su autor, el economista francés reciente de Gilles Saint-Paul, el nuevo énfasis en los estudios de felicidad y la creciente importanciade la economía del comportamiento (behavioral economics) le está abriendo la puerta, aún más, al Estado paternalista.

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    Giohanny Olave
    19 agosto, 2012 at 12:46 am

    Alejandro: La decisión de Fajardo es acertada; el método, torpe (la prohibición por decreto). Falta pedagogía ahí.

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    Pablo Kalmanovitz
    19 agosto, 2012 at 1:32 am

    Un criterio posible para distinguir entre paternalismos justificados e injustificados es si hay de por medio una explotación de una debilidad sistemática de la voluntad. La adicción a las gaseosas con toneladas de azúcar es un buen ejemplo: el estado puede promover el bienestar (la salud) de los ciudadanos "rescatándolos" del mercado perverso gringo de jarabes de maíz. No sé lo suficiente del caso de Fajardo, pero no parece claro que haya algún tipo de debilidad de la voluntad en juego. Que el procurador apruebe puede ser señal inequívoca de que se trata de una forma crasa de moralismo.

    No creo que la economía del comportamiento abra aún más la puerta al Estado paternalista. Podría más bien podría contribuir a evitar aperturas injustificadas, como la de Fajardo, vía el criterio anterior. En cualquier caso, no creo que todo paternalismo sea malo. En algunos casos—la adicción a sustancias claramente— parece posible decir que alguien no es dueño de sus acciones ni lo suficientemente consciente de su propio bienestar. ¿O hay un derecho a cultivar el propio malestar?

    Aquí Sunstein y Thaler sobre paternalismo libertario:

    http://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=405940

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    Claudia
    19 agosto, 2012 at 1:36 am

    De acuerdo! Nada como la posibilidad de tomar decisiones cada vez más informadas!
    Este paternalismo viene de derecha y de izquierda, en la lista de ejemplos incluiría la prohibición de facto de las corridas de toros en Bogotá!

  • Reply
    Javier Moreno
    19 agosto, 2012 at 1:47 am

    Yo no creo que lo de Fajardo sea una prohibición en la norma. Claramente el impacto de su medida es más simbólico que real. En la práctica, lo único que asegura su decisión (y solo parcialmente) es que la gobernación de Antioquia no gaste plata en reinados de belleza escolares (de la misma manera que la decisión de Petro sólo impide que se gaste plata distrital en las corridas de toros). El paternalismo implica, para mí, algún tipo de prohibición activa y generalizada. El discurso de Fajardo para justificarse es ciertamente moralista, pero no me parece que su norma sea comparable a la prohibición de venta de Coca-Cola dos litros a menores en Nueva York o a los lances regulares del procurador-obispo laico. En mi escala de paternalismo rankea bajo, casi cero.

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    Anónimo
    19 agosto, 2012 at 1:53 am

    Pablo: claro que hay un derecho a cultivar el propio malestar, simplemente porque este es subjetivo. Si una persona encuentra el maltrato placentero ¿debe el estado impedir que se maltrate?.

  • Reply
    Anónimo
    19 agosto, 2012 at 2:01 am

    Prohibir los reinados de belleza no es diferente de cualquier decisión que se tome respecto al sistema educativo público de Antioquia. Es igual de paternalista enseñar algebra o química.

  • Reply
    Diego Cardozo Agudelo
    19 agosto, 2012 at 2:17 am

    Profesor Alejandro espero no incomodar con mi pregunta, que no tiene que ver con su columna. Hace poco leí un artículo suyo en la Revista de Economía del Externado. Ese método "Culturomics", es una patente suya?. Que implica analizar (en números=cuantitativamente), las tendencias culturales-sociales y linguisticas, en libros y prensa?. Más allá de sus citas, existe algun texto o elaboracion a parte de la suya que es la primera, sobre el tema?.

    Muchas gracias

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    Alejandro Gaviria
    19 agosto, 2012 at 3:05 am

    Pablo: el behavioral economics enfatiza, por ejemplo, las tasas de descuento hiperbólico que implican, entre otras cosas, la incapacidad de prever las consecuencias de muchas decisiones y por lo tanto la incapacidad de ahorrar o comer bien o tomar precauciones más o menos obvias. Allí hay una justificación casi inmediata para el Estado paternalista.

    Javier: yo veo los concursos de belleza y los desfiles de moda como una especie de fiesta de disfraces o de actividad cultural espontanea. ¿Cuál sería su opinión si Fajardo hubiera prohibido, con algún argumento medio arrevesado, la celebración de Halloween?

    Anónimo 21:01: la decisión nada tiene que ver con el currículo. Aquí se está prohibiendo un actividad extracurricular con base en argumentos dudosos por decir lo menos. Alguien podría prohibir los partidos de fútbol y a usted le daría igual.

  • Reply
    Alejandro Gaviria
    19 agosto, 2012 at 3:09 am

    Diego: aquí está el artículo seminal de culturomics. Aquí el buscador creado por Juan Manuel Caicedo, uno de los coautores del artículo.

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    Anónimo
    19 agosto, 2012 at 3:12 am

    Acertada, contudente y con buen ritmo. Da lastima ver al gobernador Fajardo en ese papel, porque no conseguirá nada. La maldita mania de llegar prohibiendo. No demora en salir una, ley, decreto, o movimiento social que prohiban los casinos en Colombia por generar adicción.

  • Reply
    Alejandro Gaviria
    19 agosto, 2012 at 3:23 am

    Pablo: ¿Qué opina de los casinos que menciona el anónimo 22:12? El problema es quién decide cuáles paternalismos tienen justificación y cuáles no.

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    Andres Felipe Ortiz
    19 agosto, 2012 at 4:36 am

    Fajardo es enemigo de los reinados por que el busca cambiar el paradigma de una mujer bonita o atractiva por una mujer educada. Nacen las olimpiadas del conocimiento departamentales y se crean incentivos que premian la educación sobre la belleza. No soy amigo de las prohibiciones, creo que la libertad es un valor supremo.

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    Javier Moreno
    19 agosto, 2012 at 5:01 am

    Alejandro: No sé, no creo que sea comparable. Para mí lo clave es que Fajardo no está prohibiendo ninguna actividad, sólo está limitando su financiación con plata pública en ciertos colegios (los que están a su alcance directo). Llamar a eso "prohibición" me parece un abuso semántico. No le limita a absolutamente nadie la libertad de hacer lo que quiera hacer.

    Uno puede discutir, si quiere, la utilidad de una norma como esa (probablemente sea mínima a la hora de reducir los problemas que pretende atacar), pero para mí el paternalismo está más en el discurso de Fajardo para justificarla que en el alcance práctico de la misma.

    Personalmente estoy de acuerdo con que los colegios públicos no gasten plata en montar "reinados de belleza". En mi colegio eran una cosa racista, machista y clasista horrorosa. Los desfiles de moda, en cambio, sí me parecen más cercanos a concursos de disfraces. Creo que ahí Fajardo se descachó. Cuando son bien montados, esos concursos son una muy buena primera escuela para diseñadores precoces. Y se supone que Antioquia quiere fortalecer esa industria.

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    Pascual Gaviria
    19 agosto, 2012 at 6:52 am

    Javier M., creo que ni lo de Petro con los toros ni lo de Fajardo con los reinados infantiles se limita a dejar de gastar dinero público en actividades dudosas.
    Petro hizo lo posible por evitar el arriendo del único sitio público donde se podía hacer corridas en Bogotá. No es que ETB deje de patrocinar sino que arrebató, con argucias legales, la plaza de toros a los toreros y aficionados.
    Y Fajardo prohíbe los concursos y desfiles en los colegios públicos. No creo que estos invirtieran más que tiempo y un coliseo escolar para su realización. No le compraban los vestidos a las niñas. Se podría decir que el tiempo de los profesores y el uso del coliseo constituyen dineros públicos, pero en ese caso el rector podría prohibir un interclases de baile y justificarse con el presupuesto.
    Qué le parecería a usted, por ejemplo, prohibir los grupos de porristas. Hay quienes las ven como partícipes de una gimnasia menor. Otros como una cultura foránea que se encarga de celebrar con el cuerpo y las piruetas femeninas las hazañas de los machos.
    No se puede olvidar que desde el Estado se puede prohibir de manera sutil.

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    Ruiz_senior
    19 agosto, 2012 at 11:20 am

    En todo caso la libertad individual presupone un nivel de maduración, si leemos "no puede ir solo por la calle" nos indignamos, pero si fuera una persona de dos años nos indignaríamos de que se le permitiera hacerlo. No nos gustaría que prohibieran la pornografía, pero normalmente tampoco se la dejaríamos ver a niños de doce años… Y en esos dos casos echaríamos de menos al Estado protegiendo a las personas, "paternalista" con quienes necesitan padres.

    Lo de Fajardo es perfectamente defendible, incluso escandaloso que se lo critique. Pensemos en las familias católicas que no quieren que sus hijas se acostumbren a exhibirse porque consideran pecado todo eso, ¿por qué tienen que mandar a sus hijas a sitios donde se las induce a pecar? Pues por respeto a esas familias está bien que los establecimientos públicos no se dediquen a eso sino a transmitir conocimientos útiles para todos. También podría prohibir el Halloween en esos colegios porque es una costumbre foránea o asociada a supersticiones. El que quiera puede celebrarla en su casa.

    Si es paternalista y problemático que busque cambiar el paradigma de la mujer atractiva por el de la mujer talentosa. Que lo haga con sus hijas, las demás no están para cumplir sus fantasías.

    Queda comentar que esa clase de decisiones tienen un aspecto mediático-electoral muy llamativo, pero la política es así y a nadie se le puede reprochar. Como jugada de marketing es acertadísima.

    (Pura curiosidad, ¿es corriente en Colombia hablar de "frutas y vegetales"? El arroz y las mismas frutas son vegetales. Y otra cosa, si yo fuera gobernador impondría penas severas para el vicio de escribir "el mismo", nombraría funcionarios enérgicos para aplicar las mismas hasta hacer desaparecer el mismo, por mucho que el presupuesto se me fuera en pagar a los mismos.)

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    Ruiz_senior
    19 agosto, 2012 at 11:48 am

    Perdón, Alejandro, sobre el post anterior, la noción de los derechos sociales como fase superior del progreso presupone el socialismo, la expansión del Estado. Por una parte, ésta se ha mostrado ineficaz para generar riqueza, que es lo que se necesita para pagar esos bienes descritos como "derechos", los ricos no van a reclamárselos a los demás sino que los pagan. (Ver por ejemplo, Guy Sorman). Por otra parte, las maquinaciones de los grupos parasitarios para explotar esa organización en su provecho conducen siempre a algún tipo de tiranía, no es una rareza colombiana. Venezuela o Argentina darían resultados parecidos.

    Los derechos sociales amenazan los derechos individuales, y la organización estatal siempre encuentra pretextos para tener en qué gastarse los recursos comunes, en hacer cumplir la historia, en el reino milenario de la raza aria, en la construcción nacional (en Cataluña es impresionante), en el progreso moral (Zapatero se gastó fortunas gigantescas en subvencionar comunidades gay de muchos países africanos)…

    Los derechos sociales suenan a Estado paternalista y presuponen una expansión creciente del gasto público, que es lo que propone Salomón Kalmanovitz. No es que hayan sido falseados por los administradores colombianos (me recuerda a los trotskistas, para quienes Stalin falseó a Marx), sino que en otros países el abuso ha sido más difícil de detectar. El derecho a la vivienda se tiende a a